Pragma Humanismo Intergeneracional·Humanismo Pragmático
Economía y ambiental · Programa 12

Producto nacional, soberanía económica y desglobalización sostenible

Arts. 38 y 128 CE · Reglamento de Productos Sostenibles UE

Objetivo

Qué proponemos

Retener el valor añadido, el empleo y el conocimiento en el territorio nacional y europeo, frente a la fuga de capital y la deslocalización. Cuando el gasto y la inversión se canalizan hacia productores locales, cada euro genera renta, empleo y consumo adicional que se reinvierte íntegramente en la propia economía; cuando el capital se fuga, ese efecto multiplicador se pierde. La estrategia combina el impulso del producto nacional y de proximidad con la desglobalización sostenible y la cultura de la durabilidad, enmarcada en la autonomía estratégica europea.

Desarrollo operativo

Proteccionismo inteligente: retener el valor en el territorio

La realidad hoy. Cuando el gasto y la inversión se canalizan hacia productores locales, cada euro genera renta, empleo y consumo adicional que se reinvierte íntegramente en la propia economía. Pero cuando el capital se fuga al exterior —importación masiva de lo que podría fabricarse aquí, repatriación de beneficios de corporaciones extranjeras o deslocalización— ese efecto multiplicador se pierde y se drena riqueza del país. España presenta una balanza comercial estructuralmente deficitaria en bienes de tecnología y manufacturas, según datos del Ministerio de Industria.

Lo que propone Pragma. El dinero que circula dentro del territorio multiplica el bienestar; el que sale lo erosiona. Proteger la producción y la inversión nacional no es cerrazón, es inteligencia económica. Inspirado en el modelo italiano del «Made in Italy» —respaldado por su Ministerio de Empresa y por la Ley Marco para la Protección del Made in Italy—, Pragma propone: fomento del comercio local y de proximidad (km0); prioridad del producto nacional en el mercado interior, destinando solo el excedente a la exportación; incentivos fiscales a la inversión y a la reindustrialización; y preferencia por el producto y la empresa nacional en la contratación pública, dentro de los márgenes que permite el marco europeo. Se retendrá el valor añadido, el empleo y el conocimiento en el territorio, construyendo un tejido industrial soberano —al estilo de los distritos industriales italianos— donde la especialización territorial y la colaboración entre empresas generan competitividad y riqueza que permanece en el país.

Desglobalización sostenible y cultura de la durabilidad

La realidad hoy. La producción masiva de bajo coste, con obsolescencia programada y mala calidad, ha instalado la cultura de usar y tirar: un modelo que solo genera montañas de resididuos y deteriora el comercio y el empleo local frente a productos importados que no duran. España genera unos 475 kg de residuos por habitante y año (Eurostat), buena parte de ellos ligados a productos de corta vida útil.

Lo que propone Pragma. Poner límites a la globalización allí donde destruye y no es sostenible, y transformar la lógica comercial hacia la durabilidad, la reparabilidad y la calidad. Una estrategia enmarcada en la autonomía estratégica europea y el «desrisking» impulsado por la Unión Europea, instrumentada por cauces legales comunitarios: aplicación a todos los productos del mercado interior de los estándares de ecodiseño y reparabilidad del Reglamento de Productos Sostenibles y de la Directiva de Derecho a la Reparación, junto a la responsabilidad ampliada del productor; y promoción del producto europeo en su conjunto —no solo español— para reforzar el mercado único y la cadena de valor continental. Todo ello respaldado por políticas fiscales que desincentiven la obsolescencia y la baja calidad vía diferenciación de IVA y tributación ambiental. Se frenará el deterioro comercial que sufre la ciudadanía, se retendrá el valor, el empleo y el conocimiento en el territorio europeo, y el consumo se reorientará hacia productos que duran, se reparan y respetan el entorno.